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12/02/2014

LA MANIPULACIÓN PSICOLÓGICA

 

1.- ¿QUÉ ES LA MANIPULACIÓN PSICOLÓGICA?

Todos nos podemos encontrar en situaciones de la vida diaria con personas que se sienten bien en una posición de dominancia ante los demás. Este tipo de personas piensan en la mayoría de las ocasiones en su propio beneficio sin tener en cuenta el perjuicio que pueden causar en otros, a veces ni siquiera les importa. Es difícil manejar situaciones ante personas de este tipo porque constantemente tenemos que preguntarnos en qué nos benefician o nos perjudican sus actuaciones. La convivencia con ellos es muy difícil porque siempre anteponen su bienestar al de los demás. Son personas manipuladoras. Otras veces no depende del otro sino de nosotros mismos si salimos o no perjudicados. Nuestra respuesta marca mucho el futuro de la interacción. Si nos damos cuenta que una determinada actuación nos afectará pongamos remedio cuanto antes si no de lo contrario esa persona pensará que no te importa lo que ha sucedido y seguirá haciendo lo mismo constantemente. Lo que es bueno para alguien no tiene que ser también bueno para ti y es por eso que debemos mirar por nuestras propias necesidades y deseos.

En este segundo caso hay algo que se repite con mucha frecuencia en personas que se dejan manejar por los demás y es tan simple como pensar que el otro siempre tiene más razón que uno mismo, que las opiniones ajenas son más importantes que las propias. Desde fuera se ve muy claro que esto no es así, que cada uno tiene sus propias opiniones sobre las cosas, la vida, las relaciones,... y eso no significa que estés equivocado cuando otro expone algo diferente. Debajo de esta idea se esconden otras que lo único que hace es que esa persona sufra enormemente. La duda constante de lo que se hace o lo que se dice conlleva a autocriticarse constantemente y de manera acusada cuando las cosas no salen como a alguien le gustaría y eso lleva en muchas ocasiones a justificar la propia actuación e incluso a pedir disculpas por algo que es posible bajo su punto de vista ya estaba bien hecho. Otra cuestión que se repite es evitar el posible enfrentamiento: “no le digo esto o aquello o no hago esto o aquello porque se puede enfadar conmigo”.

2.- ¿ES ESTO MASOQUISMO?

El masoquismo tiene que ver en sus raíces con el placer que puede producir el daño físico en una relación sexual, aunque más tarde se ha ampliado al terreno interpersonal. Pero en este caso nos referimos a la persona que en su vida cotidiana se culpa y subordina sus propios intereses y necesidades a las de otros. Está sufriendo, es evidente, se queja muchas veces de la conducta de los demás, pero no se siente con fuerza para remediarlo. La manera activa del masoquismo es la que se ve desde fuera, de esa persona que se compara constantemente con otras autocriticándose al mismo tiempo, la que se culpa de los fallos de una manera exagerada, la que pone el grito en el cielo pensando en las consecuencias que podría tener una determinada actuación,...

La manera pasiva es aquella que no sale a la luz de forma tan clara: alguien que permanece en una relación que no le conviene, ya sea de pareja o de amistad, que incluso le puede estar reportando dolor físico y psíquico, alguien que desempeña un trabajo que le resulta en cierto modo degradante para su propia persona,...

Cuando nos encontramos con una persona de este tipo veremos si ahondamos un poco que sus actitudes muestran inseguridad y una sensación de insuficiencia constantes. Cuando exponen sus propias opiniones siempre tienen en cuenta qué puede ser que opinen los demás que están a su alrededor y en muchos casos participan poco o nada en las conversaciones por si pudiera ser motivo de discusión o disputa.

Por tanto la mayoría de  sus relaciones estarán marcadas por el dominio del otro sobre ésta y como consecuencia una sumisión por su parte.

3.- TIPOS DE MASOQUISMO

El tipo masoquista perfeccionista es aquel que piensa en términos de todo o nada, o soy el mejor o no soy nada. Si en algún momento puede llegar a pensar que lo que se va a hacer o decir no será lo “correcto” evitará enfrentarse a dicha situación. Tiene que estar muy seguro que saldrá bien, pero como sus expectativas son muy altas con respecto a sí mismo en la mayoría de los casos no lo hará. Esto es una trampa puesto que por todo ello sufre constantemente. Por este mismo motivo son personas muy trabajadoras y responsables, siempre tienen que ofrecer el máximo debido a su autoexigencia y siempre están dispuestos a quedarse más horas en el trabajo, a ofrecer su ayuda en cualquier momento aunque incluso salgan perjudicados,...Se sienten a menudo deprimidos, tristes por no llegar donde se habían propuesto o se supone que los demás esperan y se preguntan: ¿qué he hecho mal?

El masoquista complaciente es siempre obediente, es el buen amigo siempre atento y dispuesto a apoyar. Muy compasivo sobre todo por las personas que tienen una posición inferior, muy altruista y al servicio de los demás. No desean de ninguna manera enemistarse con los demás, quieren agradar a todo el mundo, son demasiado modestos y no se sienten bien en puestos que requieran ciertas dotes de mando, por tanto evitarán los ascensos. Luchan por las buenas causas, por los demás pero no por ellos mismos. Jamás critican o se quejan de los demás y evitan sentir ira, enfado, resentimiento o celos.

El masoquista mártir es el que se compadece constantemente a sí mismo, tiene una visión negativa de la vida y las cosas y espera lo peor de ellas. Es una posición de víctima en todos los terrenos de su vida, pero no acepta las críticas y culpa a los demás de los problemas, es rencoroso y envidioso de los que considera que están mejor que él. Las injusticias hacia su propia persona son una tónica constante en su tipo de pensamiento, la mala suerte que tiene en la vida, pero la queja no denota en ningún momento una lucha para que no suceda sino que se sufre en silencio y como no acepta las críticas le cuesta pedir ayuda.

El masoquista evasor es aquel al que le cuesta mostrar, expresar sus sentimientos de una manera adecuada. Puede estar diciendo algo y expresando físicamente otra: estar enfadado, por ejemplo, y parecer que está triste. Le cuesta tomar decisiones y cuando lo hace es porque resulta imprescindible, lo que tiene que ver con su idea del mundo: es peligroso y mejor no arriesgarse y estar en un lugar seguro por si acaso. Prefiere eludir la responsabilidad y por miedo a los peligros realiza las cosas en el último momento. Como se niegan sus propios sentimientos para no sufrir constantemente tienden a padecer enfermedades psicosomáticas: dolores de cabeza, de espalda, gastrointestinales,... así como ansiedad, fobias y accesos de ira cuando no es el momento.

4.- ¿CÓMO PUEDO EVITAR SER MANIPULADO?

Una de las cosas que se repite con mucha frecuencia en este tipo de personas es el hecho de que tienen muchos miedos, a no ser reconocido, a no ser aprobado por los demás, a equivocarse, a no tener razón, a la crítica,... En muchas ocasiones no pueden comprobar muchas de esas cosas porque precisamente no se enfrentan, no tienen o no se ofrecen la oportunidad de saber si están o no en lo cierto. Cuando comienzan a poner un poco de su parte y a arriesgarse ante la vida, a sentir, a equivocarse, ellos mismos se dan cuenta que no es tan terrible, que los demás no les dejan de lado porque lo hagan, que pueden expresar abiertamente sus opiniones y eso no significa que los otros tengan que opinar lo mismo, sólo es diferente, no errónea.

Darse cuenta que uno no puede gustar a todo el mundo ayuda a ver la vida desde otra perspectiva: yo soy yo con mis propias opiniones, mis gustos, preferencias y mis necesidades. Cuando hablamos de necesidades nos referimos sobre todo a las básicas que todo ser humano se merece: ser respetado, querido, tenido en consideración igual que nosotros lo hacemos con los demás. En estas personas estas cualidades no son tenidas en cuenta muchas veces y eso hace que nos preguntemos si serán capaces de defender esos derechos. Si uno hace un examen de conciencia y se da cuenta que esto no está ocurriendo en su propia persona es el momento de hacer un repaso de las situaciones por las que pasa diariamente y observar, como si lo hiciese desde fuera, en perspectiva, ser testigo de sus propias actitudes ante los demás y de esas actitudes que al mismo tiempo tienen los otros ante ellas.

No castigarse constantemente por los fallos cometidos no es un trabajo fácil si uno tiende a autocriticarse y compararse con los demás. Pero curiosamente se comparan siempre con gente que parece que lo hace mejor que ellos, nunca con los que no lo hacen tan bien.

Si tiene la idea de que los demás esperan cosas concretas de él o ella su actuación girará en torno a lo que cree que esperan pero en muchas ocasiones se equivocan a este respecto. Aunque fuese así, aunque los demás esperen cosas de nosotros no podemos estar pendientes de ello a toda costa porque nos olvidamos que también nosotros queremos, deseamos cosas, tenemos expectativas con nosotros mismos, con nuestro futuro, con nuestra vida, con la familia, con los amigos y eso es lo que nos hace únicos y especiales. Lo que importa es lo que yo quiero, deseo para mí y a veces no se corresponde con la opinión que tienen los demás, ¿eso significa que estoy equivocado? No, naturalmente, sólo significa que es diferente.

En el momento en que alguien comienza a darse cuenta de esas actitudes y a saber mínimamente qué es lo que desea para sí y su vida entonces todo es mucho más fácil, ya empieza a tener más poder para defenderse si se encuentra ante una situación adversa, si se encuentra ante una persona que intenta manipularla de algún modo, sabrá responder porque sabe cuáles son sus derechos.

Al fin y al cabo de lo que estamos hablando es de quererse tal y como uno es y teniendo siempre la expectativa de mejorar como persona, no de ser más perfecto. Aprender de la vida también significa aprender de nosotros, de nuestro pasado y presente e intentar mejorarlo cada vez un poco más para ser más felices.