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03/07/2015

LA MUERTE DE CERCA. ¿CÓMO SE LO DIGO A MI HIJO?

1.- ENFRENTARSE A LA MUERTE ES INEVITABLE

Tanto el tema como el hecho en sí mismo es inevitable. La muerte es algo que nos acompaña y a la que prestamos atención cuando alguien de nuestro entorno más inmediato fallece. Nos hemos preguntado muchas veces por qué tiene que pasar y finalmente en nuestro proceso de vivencias, de aprender de la vida sabemos y aceptamos que es así, que un día a todos nos llegará esa hora. Esto que en principio puede producir cierta sensación de angustia se nos plantea que en algún momento de nuestra vida debemos comunicárselo a un niño. Ciertamente no es fácil porque si para nosotros resulta que es en ocasiones injusto pues ¿cómo se lo explico esto a mi propio hijo u otro niño?

Desde este punto de vista es evidente que no podemos ocultar lo que no se puede evitar. Cuanto más hemos “avanzado” más cuidado hemos acabado teniendo con respecto a los niños en todos los sentidos. Hemos adquirido una capacidad enorme de sobreprotección con la finalidad de que no sufran como si esto mismo, el sufrimiento, se pudiese evitar en todos los casos. Como todas las emociones también el dolor forma parte de nosotros, de la vida, de los niños también. Es importante que se inmunicen contra las enfermedades pero también lo es que se acostumbren a sentir toda la gama de emociones existentes. No hay que provocarlas, por supuesto, pero tampoco huir de ellas si es contraproducente. Es en este caso y tema que sí sería cuanto menos dañino que un niño se enterase del fallecimiento de alguien por otra persona ajena o más tarde, cuando ya se ha preguntado qué ocurre que no veo a esta persona y nadie me dice por qué. Si lo tratamos como un tema tabú creerá que es malo y aún dolerá más cuando vuelva a ocurrir. Es decir, no le ayudamos a que se acostumbre al dolor por la pérdida.

Así pues, nunca ocultar y por supuesto nunca mentir al respecto pues ello creará todavía mayor confusión. Se preguntará por qué le han mentido y puede crear una sensación de angustia mayor por no saber la respuesta y como mínimo darle demasiada importancia al hecho por el tipo de cosas que no sabemos qué puede llegar a pensar. Al fin y al cabo se enterará tarde o temprano, así que cuanto antes mejor para poder ayudarle a comenzar a superarlo junto con nosotros. Que vea que cuando estamos tristes o enfadados por lo ocurrido pueda darle una explicación lógica a esa sensación que por otra parte es sana sentir, es parte del proceso de duelo y los niños también lo pasan aunque de una manera más confusa. Por eso es importante que estemos atentos a lo que le ocurre para poder acompañarlos y darle explicación a lo que pueden llegar a sentir.

2.- EL PREPARATORIO PARA CONTAR LA MUERTE AL NIÑO

Cuanto más cercana es la persona fallecida más difícil de superar, de admitir, y por supuesto de explicarle. El argumento en sí mismo será siempre el mismo, es la carga emocional que conlleva lo que hace el mensaje diferente para nosotros y también para él/ella. Cuando hablamos de cercanía nos referimos al vínculo creado entre esas dos personas y no necesariamente tiene que ser alguien de la familia por tanto, puede ser un animal o si vamos un poco más allá cualquier tipo de pérdida, aunque si es un juguete por ejemplo no será tan traumático, por supuesto. Cuando se trata de una persona o un animal es más difícil de aceptar.

También hemos de tener en cuenta la edad del niño porque a medida que crecen entienden cada vez más ciertos temas, precisamente porque han vivido más experiencias. Un niño de 12 años posiblemente habrá escuchado al menos una vez que alguien le ha contado el fallecimiento de otra persona y por tanto ya podemos recurrir a un ejemplo de la vida real para contarle lo que ha ocurrido.

Frases como: “¿recuerdas que el abuelo, o el amigo, o familiar de tal le ocurrió........(la causa)?”. Pero esto se hace más embarazoso cuando no existe dicho argumento.

En cualquier caso es recomendable comenzar siempre por la emoción que suscitará dicha noticia: “Tengo que decirte una cosa muy importante y muy triste”.

3.- EXPLICAR LA MUERTE A LOS NIÑOS

Después de esta 1ª frase se puede continuar explicando lo sucedido, es decir, la causa/as del fallecimiento.

Si se trata de una enfermedad se puede comenzar diciendo: sabes que tal persona estaba muy enfermo, ¿verdad?, pues no ha podido resistir la enfermedad y no podrá estar más con nosotros, ha fallecido. Estaba sufriendo mucho y ahora ha podido finalmente descansar de ese sufrimiento.......

Si se trata de un accidente se explicará con detalle el antes, los motivos del accidente: dónde iba, dónde se dirigía, si iba a pie, en coche, tren, avión,....y se añade la explicación del suceso y las consecuencias que ha tenido: si ha tenido que ser trasladado al hospital, si falleció allí mismo, si hubo complicaciones,...

Si se trata de muerte natural pues la explicación más natural es que ha llegado el momento y será mucho más fácil si otro día en relación a este tema ya se introdujo de alguna manera explicando el desgaste físico de las personas, el deterioro de las constantes vitales. Si es un niño muy pequeño decir simplemente que igual que era viejecito por fuera, estaba muy arrugadito,.... también se ha hecho viejecito por dentro y ahora tiene que descansar.

Por supuesto es importante añadir lo significativo que era para nosotros esa persona, sus cualidades, lo que hacía,.... Invitarle a que quede un recuerdo bonito de él/ella.

¿ES CONVENIENTE QUE EL NIÑO VAYA AL ENTIERRO DE UN SER QUERIDO?

Por este motivo último también es importante que el niño/a se despida de la persona fallecida. Que lo vea por última vez, que lo acompañe en el ritual del entierro,... un niño como un adulto tiene que elaborar el duelo y como ya dijimos en otra ocasión con motivo del programa del duelo, todo el ritual es importante pasarlo, incluido el verlo por última vez.

Finalmente invitar al desahogo, es decir, que podamos también decirle cómo nos sentimos, que estamos tristes, que a veces tenemos ganas de llorar porque queríamos mucho a esa persona y ahora nos tenemos que acostumbrar a estar sin ella. Si hacemos esto le será más fácil darle un significado a lo que siente, al dolor en este caso y pueda exteriorizarlo de forma adecuada. De lo contrario es posible que no sepa qué le está pasando porque es algo nuevo y no sepa cómo reaccionar y se enfurezca por ello.