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16/07/2012

LA VIOLACIÓN; CUESTIONAMIENTOS Y TERAPIA

tratamiento psicológico violación

1.- ABORDAJE PSICOLÓGICO DE LA VIOLACIÓN; EL PERFIL DEL VIOLADOR

En muchos casos, aunque no es lo más frecuente, ha habido antecedentes familiares donde el/la que ha sido maltratado/a experimenta la necesidad en un momento dado de vivir el otro lado, como una especie de curiosidad por saber qué llevó a esa persona a hacer lo que hizo, dar una explicación de lo sucedido. Pero lo que sí existe en todos los casos es una sensación de debilidad por parte del violador que hace que actúe de esta forma para sentirse más fuerte. De hecho en muchas ocasiones los demás ven a estas personas como incapaces de hacer algo así. Detrás de esta actitud que muestra “fortaleza”, pues se siente superior al otro cuando lo hace, hay también una incapacidad empática, es decir, de ponerse en el lugar del otro, hasta qué punto le está dañando.

El violador necesita posicionarse ante ella/él para estar por encima y sentirse más fuerte, tiene que demostrarse y demostrar a esa persona que “puede” más.

A veces lo que existe detrás es un “odio” o repudio hacia el género femenino o también hacia las personas en general, por lo que estaríamos hablando de una personalidad antisocial. Este tipo de personas siempre tienen una justificación a sus actos, no siente remordimientos por lo que ha hecho.

En otras ocasiones es una persona con muchos prejuicios y características muy rígidas de personalidad, a todos los niveles, racial, de género, con las incapacidades personales de los demás (discapacitados físicos o psíquicos, ancianos,...)

Otros casos pueden tener que ver con el deseo de cubrir una necesidad inmediata sexual sin pensar en las consecuencias que puede tener para la persona que es forzada o agredida sexualmente y tiene que ver con la incapacidad empática de la que he hecho referencia al principio.

Cuando es un miembro de la misma familia el que ha cometido esta violación estamos ante el peor de los casos: puede tratarse de una personalidad antisocial mencionada antes o bien se trata de una persona que muestra el cariño o amor que siente hacia el otro de esta forma. Es en este caso que se da con más frecuencia esa incapacidad empática. Cuando se ponen en el lugar del otro son capaces de dejar de hacerlo. Pero requiere un largo aprendizaje que pasa por el arrepentimiento de lo sucedido.

2.- LA VÍCTIMA

Lo primero que piensa la persona que ha sufrido una violación es qué ha hecho para que le suceda algo semejante. Una pregunta corriente que tiene que ver con la actitud en el momento en que ocurrió u ocurre si sigue pasando, su forma de ser, la forma de comportarse,... Lo que sea o la forma de actuar no es el motivo de que alguien llegue a cometer un acto como este. No es la persona la que hace que suceda, el responsable de ello el el violador.

La segunda pregunta inmediata es qué hacer, si decirlo o no. Si existe un sentimiento de culpabilidad es probable que no lo diga, sobre todo en casos en que ha sido la propia pareja con la que convive o tiene una relación, si es un miembro de la familia o si, aunque sea un desconocido, hubo voluntad propia para coquetear, seducir,.... pero finalmente no quiso llegar al coito.

Es difícil tomar una decisión en estos casos y siempre la pauta a seguir o recomendación es que se denuncie, pero nunca obligar a ello pues es un largo proceso por el que hay que pasar y no todos desean que se sepan cosas íntimas. Es algo muy personal.

En muchas ocasiones no se denuncia porque o bien se cree o se sabe a ciencia cierta que no lo van a creer, con lo cual es más difícil aún pues el apoyo familiar y social es muy importante en estos casos. Esto, unido al sentimiento de culpabilidad hace que en numerosas ocasiones no se denuncie a las autoridades y tampoco a la misma familia o amistades.

Cuando es un familiar se intenta al menos que la familia sepa qué ha ocurrido para que esa persona se sienta protegida y con el convencimiento de que nunca más ocurrirá. Si son niños/as evidentemente no lo van a decir porque no entienden qué significa aquello que está pasando y cuando más tarde logran saber de qué están siendo o han sido objeto creen que es demasiado tarde. Cuanto más tiempo pasa desde la primera vez más difícil es que haya una denuncia por el sentimiento de culpabilidad que se ha creado.

3.- EL ESTIGMA SOCIAL

El proceso de denuncia es largo y tedioso, muy duro, y se debe enfrentar a preguntas que en muchas ocasiones dañan la propia autoestima, dignidad y sensibilidad personal. Ninguna justificación es válida en estos casos, no hay nada que explique o justifique una actuación de este tipo, incluso sí accediste en un principio a tener un encuentro sexual con esa persona y en un momento determinado cambiaste de opinión y no quisiste continuar.

Afortunadamente está cambiando esa imagen que se tenía de la mujer como persona que sólo por el hecho de ser mujer pueda “provocar” los instintos sexuales de un hombre y este tiene derecho por ello a forzarla. Sea como sea esa mujer nadie puede obligarla a hacer algo que no desea.

4.- LA TERAPIA

Cuando una persona que ha sufrido una violación viene a consulta su vida se ha visto marcada por este suceso en otros ámbitos, no sólo el sexual.

El trabajo terapéutico consiste sobre todo y ante todo en crear a partir de ahora un entorno de acogida en el seno familiar que no había existido hasta ahora pues, en la mayoría de casos, el tema es secreto. La familia debe saberlo, es importante la expresión de los sentimientos hasta el momento reprimidos, y es importante denunciar en caso de no haberlo hecho pues la denuncia hace que la persona violada recupere el poder, ya no es víctima, ahora es denunciante y acusador.

Es necesario que la víctima vuelva a sentirse con poder, para ello muchas veces se hace un trabajo de re-vivenciar la violación y plantar cara al violador con ejercicios de imaginación en los cuales se expresan sentimientos y se enfrenta el miedo que hay que superar.

El trabajo de la violación es duro pero da muy buenos resultados pero sin terapia a veces es difícil superar todas las secuelas psicosociales que deja una violación.