Català | Castellano

Tel: 934 387 742

09/09/2013

PADRES MIEDOSOS, HIJOS FÓBICOS

los miedos paternos
 

1.- MI HIJO ES MIEDOSO ¿TENGO YO LA CULPA? ¿Y SI LE PASA ALGO POR NO PREOCUPARME?

Todos los padres temen que a sus hijos les pase algo irremediable aunque hay algunos de estos padres que presentan una preocupación excesiva por los peligros con que se pueden encontrar y es entonces cuando intentan que se eviten esas situaciones por el temor a perderlos. Se trata de padres que por su historia personal o bien se encontraron en su infancia con situaciones duras en sí mismas (una o varias pérdidas)o bien recibieron una educación hacia la evitación de éstas y siguen ese patrón de comportamiento que aprendieron en casa. Esto va muchas veces unido al hecho de que lo que les pasa a nuestros hijos mientras son pequeños es responsabilidad nuestra y los padres que ya de por sí muestran un gran temor son también padres que podríamos llamar hiperresponsables, en el sentido de que en muchas ocasiones magnifican las consecuencias de los actos de sus hijos y se sienten culpables por haber decidido por ellos algo que entraña algún peligro.
La actitud de estos padres temerosos es en sí misma excesivamente cuidadosa, justificando en todo momento cualquier decisión que toman con respecto a sus hijos: lo hago por su bien, para protegerlo, para que no le pase nada malo,... Si hacemos un repaso de su propia vida veremos que también con respecto a ellos mismos han adoptado una actitud de temerosidad ante la vida en general, lo que les ha llevado a evitar muchas situaciones y no arriesgarse o sólo mínimamente y cuando es necesario.
 

2.- TOMAR CONCIENCIA DE LAS REPERCUSIONES DE NUESTROS PROPIOS TEMORES

Quizá los padres no se dan cuenta hasta qué punto los hijos imitan las actitudes de los padres. Es evidente que los niños tienen como modelo unos adultos a los que consideran poderosos, sabios, que se supone que saben lo que hacen y por tanto a los que imitan. Si los padres interpretan una situación como peligrosa los hijos es probable que también lo hagan de la misma manera, sobre todo si es el primer hijo. El segundo en contraposición con su hermano mayor tiene más probabilidades de poder luchar contra esas normas estrictas y a valorar más adecuadamente lo que es justo pues ya tienen otro modelo a seguir o no seguir que es su hermano además de sus padres. Pero tampoco se salvan de ese temor, aunque sea menos intenso.
Si no dejamos que nuestros hijos exploren por sí mismos la peligrosidad que entrañan ciertas situaciones no les ayudamos a cometer errores y por tanto a aprender de ellos. Son ellos mismos los que poco a poco deben aprender de la vida misma y de los que se les presenta dia a dia. Aconsejarlos es muy importante pero dejarles que tomen las decisiones mínimamente en lo que ellos estén capacitados por edad también lo es. Todo ello para darles la oportunidad de tener una confianza en sus propias acciones, en sí mismos. Darles la oportunidad de hacerse inmunes de alguna manera ante los peligros, en el sentido de que sepan hasta dónde pueden llegar, sus propios recursos para defenderse ante la vida, prever las consecuencias de sus actos. En definitiva aprender de ellos mismos, a conocerse cada vez mejor. Si esto no ocurre nos encontraremos con niños/as que piensan que no son capacer de solventar muchas de las situaciones que se le presentan, dudan constantemente de dónde están sus límites, sus recursos y hasta pueden tener una concepción de la vida cono peligrosa y que es necesario evitar situaciones en que es posible que fallen o no sepan qué hacer. Estamos hablando del desarrollo de una baja autoestima.
Sin darse cuenta los padres temerosos interpretan de forma negativa muchas de estas situaciones de la vida sin tener en cuenta las cosas positivas que se derivan también de ellas, el otro lado de la moneda que también hay que tener en cuenta, que es el lado del “sentir”, vibrar, en definitiva vivir con todas las consecuencias. Ese lado que se olvida en muchas ocasiones es muy importante que se transmita a los hijos pues les hemos traído al mundo, entre otras cosas, para que sean felices, para que vivan, para que sientan cosas y no les podemos evitar todo eso pues tarde o temprano se van a encontrar con que la vida misma les ofrecerá la oportunidad de vibrar en todos los sentidos, de sentir alegría, rabia, pena, tristeza, ira, cólera, amor, inquietud, preocupación, miedo, enfado,... y si no está preparado para ello intentará evitar lo que precisamente caracteriza al ser humano como tal, “ser humano”, sentir todas las emociones que existen para poder diferenciarlas y saber cómo solventar las situaciones que se derivan de ellas. De lo contrario todo lo vivirá desde el lado de una sola emoción, el miedo, intentando que desaparezca y no intentando superarlo.
 

3.- MENSAJES DE PELIGRO

Tratar a un niño como si fuera de porcelana ya se nota desde la cuna, cogiéndolo con mucho cuidado, avisando a los demás de que lo hagan de la misma manera porque se puede caer,... Es una actitud que denota miedo.
Otra demostración de miedo es a enfermar. Estar muy al tanto de qué tocan, qué cogen del suelo, qué chupan, qué comen, cómo se ensucian,... con todo ello no les dejamos que se inmunicen, que adquieran defensas orgánicas, que su sistema inmunológico se desarrolle con normalidad. Tiene que convivir con su entorno y en él hay tanto limpieza como suciedad. Si este niño se encuentra con la suciedad, en una situación de probable infección, será más fácil que se contagie si no está inmunizado, si su sistema inmunológico no reconoce esa bacteria o virus y no se el puede vacunar para todo.
Cuando un niño/a comienza a caminar los peligros son mayores en este sentido pues se cae y gatea, está en contacto con el suelo la mayor parte del tiempo y no se le puede limpiar las manos cada vez que se cae o lavar el chupete cada vez que cae al suelo, no podemos estar al tanto de cada uno de los movimientos de nuestro hijo. Los mensajes como: “cuidado, agárrate bien que no te caigas”, “no vayas po rahí que te puedes caer”. Si se cae corres a cogerlo y abrazarlo porque se ha podido hacer daño. Si se ha hecho es importante que vea que tiene una persona que le puede consolar y tranquilizar de que no ha pasado nada y tiene solución, pero si comprobamos que no se ha hecho daño dejarlo que se levante solo y vuelva a intentarlo de nuevo.
Otra de las situaciones que entrañan cierto peligro es la guardería y el colegio. Los padres temerosos “avisan demasiado” de todo lo que puede suceder. Es importante prepararlos para que no se sientan solos, abandonados, asegurarles que se lo van a pasar bien y conocerán a muchos niños,... pero dejar al mismo tiempo que exploren por sí mismos esa nueva situació, que expliquen sus vivencias de forma positiva cuando vuelven a casa y confiar en los profesionales, que saben lo que hacen.
Otros mensajes de peligrosidad se dan con frecuencia cuando aprende a ir en bici, cuando aprenden a nadar, en sus primeras salidas con el colegio, excursiones, colonias, esplais,...: “ve con mucho cuidado que puedes caerte y romperte la crisma”, “es muy pequeño para aprender a nadar”. Los niños pueden empezar muy pronto a aprender, cuanto antes mejor, es mejor saber nadar enseguida que evitar situaciones de peligro de ahogo (sí evitarlas si de verdad son muy peligrosas). 
 

4.- ¿CÓMO TENEMOS QUE HACERLO?

Prevenir siempre es necesario cuando vemos que la situación puede entrañar algún peligro, aconsejar de las posibles actuaciones en caso de necesidad, pero el límite estaría en “avisar de todo lo que puede suceder”. Con ello se quedará con la idea de que se encontrará con muchos peligros e irá con miedo. Ser sinceros de lo que puede ocurrir es bueno para que piensen en las consecuencias y puedan prevenirlas pero aullentar es malo porque les creará un nerviosismo tal que la misma preocupación hará que no vivan con naturalidad la situación. Debemos dejarles que exploren con cierta libertad, que se muevan, que sientan, que sepan cómo superar los miedos, no evitarlos, que se enfrenten a las situaciones, que vean el lado positivo de las cosas, también con los riesgos que entraña, naturalmente.
Dejarles ir de colonias, a los esplais. Es una gran oportunidad para que conozcan otras personas, que se relacionen con chicos y chicas, niños y niñas de otros lugares, de otras edades, que interaccionen de forma natural con los demás. Para ello los padres se preparan informándose del lugar donde los envían, claro está, sabiendo quiénes son los profesionales que van a encargarse y responsabilizarse de sus hijos durante unos días, qué titulación tienen, el lugar donde van a asistir, si hay o no médicos cercanos al lugar, socorristas, recursos en caso de urgencias, emergencias,... Si reúne las condiciones necesarias no se lo piensen más. A partir de los 4años ya pueden irse unos cuantos días fuera de casa.