Hay niños que esperan el primer día de colegio con ilusión y otros que empiezan a contar los días que faltan para volver a casa. Puede aparecer dolor de barriga, dificultad para dormir, llanto, irritabilidad o incluso un rotundo «no quiero ir al colegio». Y entonces muchos padres se preguntan qué hacer: ¿insistir?, ¿tranquilizarle?, ¿dejarle quedarse en casa?, ¿está exagerando o realmente lo está pasando mal?
El comienzo de un nuevo curso supone un cambio importante en la rutina del niño. Después de semanas con horarios diferentes, más tiempo en familia y menos obligaciones, volver a levantarse temprano, separarse de los padres, reencontrarse con compañeros y profesores y afrontar un nuevo curso puede generar nerviosismo. En algunos niños ese nerviosismo desaparece después de los primeros días; en otros, puede convertirse en una fuente importante de ansiedad.
La clave está en aprender a distinguir entre los nervios normales ante un cambio y una ansiedad que está interfiriendo realmente en la vida del niño.
¿Por qué algunos niños tienen miedo de volver al colegio?
No todos los niños viven la vuelta al colegio de la misma manera. Para algunos supone reencontrarse con amigos y recuperar actividades que echaban de menos. Para otros significa enfrentarse de nuevo a situaciones que les generan preocupación.
Puede preocuparles no saber quién será su profesor, encontrarse con compañeros nuevos, tener que hacer frente a asignaturas que les resultan difíciles o no saber si serán capaces de adaptarse al nuevo curso.
La American Psychological Association explica que el regreso al colegio puede resultar estresante para los niños, especialmente por los cambios que implica y por el miedo a lo desconocido.
También puede haber circunstancias concretas que hagan que la vuelta sea especialmente difícil: un cambio de colegio, una nueva etapa educativa, dificultades de aprendizaje, problemas de relación con otros niños, experiencias de acoso escolar o una mayor dificultad para separarse de los padres.
Por eso es importante no quedarse únicamente con la frase «no quiere ir al colegio». Detrás de ella puede haber motivos muy diferentes.
Los nervios del primer día de colegio son normales
Que un niño esté nervioso ante el primer día de colegio no significa necesariamente que tenga un problema de ansiedad.
Es normal que una situación nueva produzca cierta preocupación. Incluso un niño que habitualmente va contento al colegio puede estar más inquieto durante los primeros días.
Puede preguntar muchas veces:
«¿Quién será mi profesor?»
«¿Con quién me voy a sentar?»
«¿Y si no conozco a nadie?»
«¿A qué hora vienes a buscarme?»
En estos casos, nuestra respuesta como adultos es importante. No necesitamos convencerle de que «no pasa nada» porque, desde su perspectiva, sí está pasando algo importante: está afrontando una situación nueva.
Podemos escucharle, responder a sus preguntas y transmitirle confianza sin convertir cada preocupación en una emergencia.
¿Cómo se manifiesta la ansiedad por volver al colegio?
Los niños no siempre saben explicar con palabras que están preocupados. En ocasiones, la ansiedad aparece a través de cambios en su comportamiento o incluso mediante molestias físicas.
Podemos observar:
- Dolor de barriga antes de ir al colegio.
- Dolor de cabeza.
- Dificultades para dormir.
- Llanto o irritabilidad.
- Mayor necesidad de estar junto a los padres.
- Preocupación excesiva por lo que ocurrirá en clase.
- Intentos de evitar determinadas situaciones.
- Negativa repetida a acudir al colegio.
Los síntomas físicos no deben interpretarse automáticamente como una invención del niño. La ansiedad puede expresarse también a través del cuerpo. Si aparecen molestias físicas persistentes, naturalmente, también será necesario valorar con el pediatra si existe alguna causa médica.
En nuestro artículo sobre trastornos de ansiedad en niños explicamos con más detalle cómo diferenciar los miedos habituales de aquellas situaciones en las que la ansiedad comienza a interferir en la vida cotidiana.
El miedo a separarse de los padres el primer día de colegio
Uno de los momentos más difíciles para algunos niños es precisamente la despedida.
Puede ocurrir que durante el trayecto hasta el colegio estén relativamente tranquilos y que, al llegar a la puerta, comiencen a llorar, se agarren a su padre o a su madre y repitan que no quieren quedarse.
Esto puede resultar especialmente duro para los padres.
Es difícil marcharse cuando tu hijo está llorando.
Sin embargo, una despedida excesivamente larga, llena de dudas y negociaciones, puede hacer que el momento resulte todavía más complicado. El niño necesita percibir que sus padres confían en que puede afrontar la situación.
Esto no significa ignorar su miedo.
Podemos decirle:
«Sé que hoy estás nervioso. Es normal porque es el primer día. Yo también sé que puedes hacerlo. Después de comer vendré a buscarte».
Una frase breve, afectuosa y segura puede transmitir mucho más que diez minutos intentando convencerle de que no tiene motivos para estar preocupado.
Qué podemos hacer antes del primer día de colegio
La preparación puede ayudar mucho.
No se trata de convertir los días anteriores al colegio en un entrenamiento intensivo, sino de conseguir que aquello que va a ocurrir deje de ser completamente desconocido.
Recuperar progresivamente las rutinas
Durante las vacaciones los horarios suelen cambiar. Acostarse más tarde, levantarse sin despertador, comer a diferentes horas o pasar más tiempo con las pantallas forma parte de muchas rutinas familiares durante el verano.
Volver progresivamente a los horarios habituales antes de que empiece el colegio puede facilitar la transición.
La rutina proporciona previsibilidad y permite que el niño sepa qué ocurrirá después.
Preparar juntos las cosas del colegio
Preparar la mochila, organizar el material escolar o escoger la ropa del primer día puede ayudar a que el niño participe activamente en la preparación.
No se trata únicamente de tenerlo todo listo.
También estamos transmitiéndole: «Sabemos que vas a volver al colegio y confiamos en que puedes hacerlo».
Hablar de lo que va a ocurrir
Cuanto más pequeño es el niño, más útil puede ser explicarle de manera sencilla cómo será el día.
A qué hora se levantará.
Quién le llevará.
Dónde estará durante la mañana.
Qué hará después.
Quién irá a buscarle.
La previsibilidad puede reducir parte de la incertidumbre que alimenta el miedo.
Visitar el colegio si es posible
Si el niño cambia de centro o empieza una etapa nueva, conocer previamente el lugar puede ayudar.
Recorrer el camino hasta el colegio, conocer dónde está la entrada o familiarizarse con el entorno puede hacer que el primer día no resulte completamente desconocido.
También puede ser útil conocer previamente al profesor cuando las circunstancias lo permiten. Las recomendaciones de expertos en ansiedad infantil incluyen precisamente familiarizar al niño con el espacio escolar antes de comenzar las clases.
Señales de alerta rápidas: ¿cuándo debemos preocuparnos?
Los nervios del primer día suelen disminuir cuando el niño se familiariza con la nueva situación.
Conviene prestar especial atención cuando:
- El rechazo al colegio se mantiene durante los días o semanas siguientes.
- El niño presenta con frecuencia dolores de cabeza o de barriga antes de ir.
- La ansiedad le impide dormir correctamente.
- Llora o se angustia de manera intensa ante la idea de acudir.
- Se niega repetidamente a ir al colegio.
- Deja de realizar actividades que antes disfrutaba.
- La situación está afectando considerablemente a la dinámica familiar.
- Existe sospecha de acoso escolar, dificultades de aprendizaje u otro problema concreto dentro del entorno escolar.
No es necesario esperar meses para pedir orientación.
La American Academy of Child and Adolescent Psychiatry señala que el rechazo escolar puede estar relacionado con la ansiedad y recomienda prestar atención cuando las quejas físicas o la negativa a acudir al colegio se vuelven frecuentes.
¿Debemos obligarle a ir al colegio?
Esta es una de las preguntas que más preocupan a las familias.
La respuesta no puede ser exactamente la misma para todos los niños porque primero necesitamos comprender qué está ocurriendo.
No es lo mismo un niño que llora durante unos minutos al separarse y después participa normalmente en clase que otro que lleva semanas sufriendo una ansiedad intensa, tiene síntomas físicos frecuentes y no consigue permanecer en el colegio.
Por eso es importante distinguir entre acompañar una emoción y reforzar una evitación.
Podemos validar el miedo sin transmitirle que el colegio es realmente peligroso.
«Entiendo que tengas miedo» no significa «entonces no puedes ir».
Podemos decir:
«Sé que te cuesta. Vamos a pensar juntos qué podemos hacer para que sea un poco más fácil».
El objetivo es que el niño vaya adquiriendo recursos para enfrentarse progresivamente a aquello que le preocupa.
Lo que no conviene hacer cuando nuestro hijo tiene miedo
A veces, con la mejor intención del mundo, los adultos podemos aumentar el problema.
«No tienes ningún motivo para estar nervioso»
Puede parecernos una frase tranquilizadora, pero para el niño puede transmitirle que no estamos entendiendo lo que siente.
Es preferible reconocer la emoción.
«Entiendo que estés nervioso porque es un colegio nuevo».
Interrogarle constantemente
«¿Te ha pasado algo?»
«¿Seguro que no ha pasado nada?»
«¿Te han hecho algo?»
Preguntar es necesario cuando existe un motivo de preocupación, pero convertir cada conversación sobre el colegio en un interrogatorio puede hacer que el niño esté todavía más pendiente de aquello que le preocupa.
A veces es mejor hacer preguntas abiertas y sencillas:
«¿Cómo ha ido el día?»
«¿Qué ha sido lo mejor?»
«¿Y lo más difícil?»
Transmitir nuestra propia ansiedad
Los niños observan mucho más de lo que pensamos.
Si el adulto transmite constantemente preocupación, miedo o desconfianza hacia el colegio, el niño puede interpretar que realmente existe un peligro.
Esto no significa ocultar nuestras emociones, sino procurar que el mensaje principal sea de confianza y seguridad.
La vuelta al colegio también requiere paciencia
Los primeros días pueden ser irregulares.
Un niño puede entrar contento el lunes y llorar el martes.
Puede decir que le encanta su profesor y al día siguiente afirmar que no quiere volver.
Puede empezar con mucha ilusión y tener después un pequeño retroceso.
No necesariamente significa que algo vaya mal.
Las adaptaciones no siempre son lineales y cada niño necesita su propio tiempo.
La vuelta al colegio implica recuperar horarios, separarse de la familia, adaptarse nuevamente a unas normas y afrontar nuevas exigencias académicas y sociales.
Por eso, además de pedirle que se adapte, debemos preguntarnos qué podemos hacer nosotros para facilitar esa adaptación.
¿Cuándo es recomendable consultar con un psicólogo infantil?
Si el miedo al colegio es intenso, persistente o empieza a limitar la vida del niño, es recomendable buscar ayuda profesional.
También puede ser conveniente hacerlo cuando los padres no consiguen identificar qué está provocando la ansiedad o cuando existen otros factores asociados, como problemas de aprendizaje, dificultades sociales, baja autoestima, conflictos escolares o una ansiedad de separación importante.
En estos casos, la evaluación psicológica permite comprender qué está ocurriendo y decidir qué tipo de intervención puede ayudar.
En Centro Atenea contamos con un área de psicología infantil y escolar, donde se trabajan, entre otras dificultades, la ansiedad infantil y los problemas de adaptación escolar.
Volver al colegio no tiene que ser perfecto
Quizá este sea el mensaje más importante para las familias.
No necesitamos que nuestro hijo entre el primer día en clase sonriente, tranquilo y sin ningún miedo.
Necesitamos ayudarle a descubrir que puede sentir miedo y, aun así, afrontar aquello que le preocupa.
El objetivo no es conseguir que nunca esté nervioso. Es enseñarle poco a poco que puede enfrentarse a situaciones nuevas, pedir ayuda cuando la necesite y descubrir que muchas veces aquello que imaginaba como terrible termina siendo mucho más llevadero.
Y si los nervios no desaparecen, si el miedo aumenta o si empiezan a afectar a su vida cotidiana, pedir ayuda no significa que hayamos fracasado como padres.
Significa que hemos sabido escuchar lo que nuestro hijo nos estaba intentando decir.





