Comunicación contra la violencia infantil: El arte de mirar y escuchar a nuestros hijos

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4 de noviembre de 2013

Comunicación contra la violencia infantil: El arte de mirar y escuchar a nuestros hijos

¿Por qué un niño responde con un insulto o un golpe ante una petición afectuosa? La agresividad infantil es, a menudo, un reflejo de que algo no va bien en el mundo interior del menor o en su entorno. En una sociedad que a veces tolera la violencia en los medios sin ofrecer explicaciones coherentes, el hogar debe convertirse en el primer espacio de alfabetización emocional. Aprender a comunicarnos sin hostilidad no es solo una norma de cortesía, es la herramienta más eficaz para prevenir comportamientos inadaptados y construir una convivencia armónica. Descubre cómo transformar la agresividad en diálogo mediante técnicas prácticas de comunicación positiva.

Aprender a mirar: El primer paso hacia la calma

Antes de intentar corregir la conducta de un «niño difícil», los padres debemos revisar nuestra propia forma de dirigirnos a ellos. El estrés de la vida moderna y las preocupaciones diarias nos arrastran, con frecuencia, a un tono de voz nervioso o animoso que alimenta la tensión familiar.

El poder de la mirada no agresiva

Cuando sientas que la agresividad aumenta, antes de pasar al acto o al grito, detente y mira a tu hijo a la cara. Contemplarlo sin juzgar, simplemente reconociendo su presencia, ayuda a disminuir la hostilidad mutua.

  • Técnica del espejo: Ante conflictos entre hermanos, sentarlos frente a frente para que se miren durante unos minutos puede ser más efectivo que un castigo físico. Al mirarse, los niños suelen descubrir que su enfado no tiene base y que, en el fondo, prevalece el afecto. Según la Asociación Americana de Psicología (APA), el contacto visual y la validación emocional son pilares para el desarrollo de la empatía [abrir en nueva pestaña: Desarrollo de la empatía – APA].

La comunicación empieza en la cuna

Muchos padres creen que hablarle a un bebé es inútil porque «no entiende». Nada más lejos de la realidad. Las palabras y sonidos se graban en su cerebro, creando los primeros vínculos sociales.

  • Hablar con propiedad: Evita el «lenguaje infantil» o jerigonzas que confunden su inteligencia. El niño necesita oír frases bien construidas para desarrollar su capacidad de reflexión.

  • Entorno habitable: Cuando el niño empieza a gatear, es mejor adaptar la casa (quitar peligros) que rodearlo de prohibiciones constantes. Un clima de confianza reduce la necesidad del niño de hacer «tonterías» para llamar la atención.

Esta base comunicativa es la que trabajamos en nuestras sesiones de psicología infantil [abrir en nueva pestaña] para asegurar un crecimiento equilibrado.

El flujo de la comunicación: Emisor, Receptor y Acuse de recibo

La lingüística nos enseña que para que la comunicación fluya, debe haber afinidad y un «acuse de recibo».

  1. Escucha activa: Si tu hijo te cuenta su día y no respondes (por cansancio o aburrimiento), el mensaje cae en el vacío. Ignorarlo es, para él, como decirle que no existe.

  2. Coherencia en la respuesta: Si el niño habla de un problema escolar, no cambies de tema. Responder sobre algo ajeno crea confusión y dificulta que, en el futuro, el joven pueda realizar trabajos de reflexión lógica.

  3. Sinceridad y Verdad: La base de la confianza es la verdad. Mentir a los niños (por ejemplo, con temas como la sexualidad o el origen de la vida) siembra desconcierto y genera hostilidad cuando descubren el engaño. Como señala la UNESCO, la educación integral basada en hechos es un derecho que fomenta la seguridad personal [abrir en nueva pestaña: Educación integral – UNESCO].

Comunicar mejor para comprender mejor

Una comunicación libre de miedos y restricciones durante la infancia garantiza que, al llegar a la adolescencia, el joven siga acudiendo a sus padres ante cualquier problema. El diálogo «civilizado» es el mejor disolvente de la violencia; raramente alguien desea pelear con quien se siente profundamente comprendido.

Si sientes que las tensiones en casa son difíciles de suavizar, la terapia de pareja [abrir en nueva pestaña] o la psicoterapia de adultos [abrir en nueva pestaña] pueden ayudarte a recuperar ese tono de voz y esa mirada necesaria para liderar tu hogar desde el afecto. Tienes más recursos sobre convivencia en nuestras lecturas de psicología [abrir en nueva pestaña].

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